Lo que te mueve a tí, también a mí
Nada más abrir la puerta del baño la recibió el vapor que flotaba en el aire, llenando el baño con una calidez húmeda que se aferraba a las paredes de piedra. Lía cerró la puerta tras dejar a sus hijos en la habitación y, por fin, se permitió aflojar los músculos.
Añadió un poco más de agua caliente a la bañera, con los juegos sus hijos casi la habían vaciado, la espuma flotaba perezosa en la superficie, y dejó caer toda su ropa al suelo como un camino hasta la