El más pequeño
La lámpara de aceite parpadeaba en el rincón de la sala, lanzando sombras temblorosas sobre las paredes de piedra. Gema se mantenía sentada, con un libro en sus manos y el ceño fruncido, tamborileando los dedos contra la tapa dura de este sin prestar atención a la historia. Llevaba todo el día sintiéndose fuera de lugar, sin nada que hacer, sin noticias de Kael, sin acceso a la casa principal, sin respuestas.
Entonces se abrió la puerta.
-Padre. -Saludó, tratando de mantener la co