Una propuesta no dicha...
Jaqueline
El sol de la tarde se filtraba por algunas ventanas sin cortinas mientras Caio y yo terminábamos las últimas cajas de la mudanza. Estábamos sudados y cansados, pero entusiasmados con el resultado. Cada objeto estaba en su lugar, dando vida al nuevo hogar. Sonó el timbre, y corrí a abrir. Era Sabrina, radiante, con una bolsa de comidas y otra de refrescos en las manos.
—¡Almuerzo listo! —anunció, entrando y colocando las bolsas sobre una caja que habíamos improvisado como mesa. Los tre