Alexandre
Dentro del ascensor, el ambiente entre Jaqueline y yo era cualquier cosa menos tranquilo. Ella se giró bruscamente hacia mí, con los ojos abiertos de incredulidad al darse cuenta de que aún sostenía su mano con firmeza, como si fuéramos una pareja. Confieso que estaba disfrutando mucho de eso, aun sabiendo que nuestras manos entrelazadas no eran lo más apropiado para la imagen profesional que debíamos mantener.
—¡Alexandre, suéltame la mano! —susurró irritada, intentando liberarse de