Alexandre
Cuando finalmente encontré el correo del laboratorio, sentí que mis manos temblaban. El corazón latía con fuerza, una mezcla de alivio y emoción me atravesaba. Ya había enfrentado el peor miedo de mi vida, y ahora, sentado al lado de Jaqueline, lo único que quería era compartir ese momento con ella.
La miré, aún frágil, pero con ese brillo en los ojos que siempre me desarmaba. Respiré hondo antes de hablar:
— Conejita… —mi voz salió ronca, quebrada—. Tú… estás embarazada de gemelos… u