Jaqueline
Mi madre seguía secándose las lágrimas, pero el dolor era visible en cada rasgo de su rostro. Sentía que mi mundo giraba. Volví a sentir el impacto, pero ahora todo se hacía real; ya no era la posibilidad de un error o de una mentira. Era como si el aire me faltara en los pulmones y busqué desesperadamente el hombro de Alexandre para apoyarme. Él sostuvo el celular mientras intentaba calmarme.
—No… no, esto no puede ser verdad… —lloré, sacudiendo la cabeza—. Estás mintiendo.
—Yo querí