Jaqueline
El espejo reflejaba una imagen que me hizo contener la respiración. Casi no me reconocí. El vestido blanco abrazaba mis curvas a la perfección, el encaje dibujaba delicadamente cada detalle de la pieza, y el tono satinado parecía capturar la luz del atardecer. El cuerpo ajustado, sin tirantes, dejaba mis hombros al descubierto y, arriba, el recogido perfectamente elaborado sostenía una fina corona de brillantes, de la que caía un velo ligero, casi etéreo.
Respiré hondo, intentando con