Jaqueline
La cena con Alexandre estaba siendo simplemente perfecta. El restaurante era uno de los más elegantes de la ciudad, con una terraza encantadora que ofrecía una vista espectacular del horizonte iluminado. Aquel momento parecía un regalo.
Reímos, brindamos con jugo, y llegó el postre. Un fondant de chocolate con frutos rojos que compartimos entre risas y provocaciones sutiles. Cuando terminamos, fuimos hasta la terraza. Alexandre me abrazó por detrás, envolviéndome con su abrigo mientra