Te amo, hija mía… 

Edgar

En cuanto llegué al pasillo, vi a Helen y a Otávio saliendo de la habitación de Jaqueline. Hablaban en voz baja y, al verme acercarme, se hicieron a un lado con delicadeza. Entendí el gesto. Sabían que ese momento era mío. Helena, siempre atenta, me lanzó una mirada tierna, llena de comprensión. Detrás de ella, Alexandre venía sosteniéndola del brazo. Al pasar a mi lado, Helena sonrió de forma cómplice, una sonrisa que decía más que cualquier palabra. Esa sonrisa me dio fuerzas para entra
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