Capítulo Treinta y Uno

La noticia que estalló tres semanas después de la declaración de culpabilidad fue la que nadie esperaba, no porque la verdad fuera compleja, sino porque la mentira había resultado muy costosa. Tobias Prescott no había muerto en su celda. La investigación federal sobre la muerte simulada había concluido discretamente, añadiendo obstrucción a la justicia, fraude y conspiración para fugarse a una condena que ya iba a ocupar la mayor parte de la próxima década. El médico de la prisión había perdido
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