Maximilien regresó a su mansión para recoger sus cosas; como Amelia se lo ofreció, iría a vivir con quienes eran ahora su familia, al entrar, Mary estaba sentada en su gran sala de estar, lo estaba esperando.
Su rostro estaba desaliñado y su corazón completamente roto, en su mano tenía una copa de vino tinto, la botella estaba casi por la mitad. Pues ella ya llevaba tiempo bebiendo.
—Mamá, no sabía que estabas aquí—le dijo Maximilien al cruzar el umbral de su puerta, Mary levantó su mirada y