Amelia se miraba frente al espejo, su rostro estaba pálido y marcado por una profunda tristeza, era la segunda vez que iría al altar sin llevar con ella una pizca de amor, sin embargo, esta vez no huiría de su desgracia, esta vez la enfrentaría con gallardía, pues fue ella quien decidió casarse, nadie la estaba obligando y no era un matrimonio por conveniencia.
Se aplicó un toque de rubor en sus mejillas, y trató de tragarse el nudo que estaba en su garganta para contener las lagrimas y evitar