Maximilien se bajó del auto dando tumbos, sus piernas le temblaban, estaba consumido por los nervios.
<> Se repetía a cada paso que daba.
Todos en la iglesia se quedaron perplejos mirando a la entrada de la iglesia, también Amelia, que cuando vio la lánguida figura de Maximilien asomarse, quiso desfallecer.
Billy miró con repudio a su primo, quien estaba interrumpiendo su gran día, los gemelos cuando vieron a su padre, salieron corriendo a su encuentro y le dieron un abrazo.
—¡Papi! —gritaron