Un médico examinó a Maximilien y, aunque no se encontraba completamente recuperado, le permitió dirigirse hacia la habitación de su hijo, situada a pocos metros de distancia. La ironía resonaba en el hecho de que, para reunirse con él, solo debía atravesar el pasillo del piso hospitalario.
Era muy temprano, Amelia estaba recostada sobre la cama de su hijo, estaba profunda, el cansancio la derrotó por completo. Maximilien sin hacer un solo ruido se acercó a la camilla, su corazón se aceleró de u