Gael Altamirano.
—Quiero tu esencia dentro de mí. Nada de protección.
—¿La quieres adentro?
Le pregunté tomándola del cabello, ella gimió de placer.
—Sí, Gael.
Yo solté una carcajada de triunfo, ya empezaba a doblegarse.
La tomó por la mejilla y la obligué a mirarme a los ojos.
—Te voy a llenar las entrañas de mi esencia, solo que primero tendremos un juego previo.
Ella miró las esposas y el látigo y esbozó una sonrisa pícara.
Sin pensarlo mucho estampó su firma en el documento.
Sonreí encantad