Gael Altamirano.
—Señor, ya ubicamos la dirección de la llamada. Fue hecha desde el hotel Sena.
Solté un suspiro de alivio y seguí oyendo esa voz a través del auricular.
Mi obsesión por ella era tan grande que usé mis influencias para saber más de ella.
No pude evitar reírme, ella era una turista misteriosa, todo lo pagaba en efectivo.
Lo único claro era que su nombre era Alice y venía de New York.
Colgué la llamada y marqué su número enseguida, la risa que me dio cuando oyó mi voz.
—Alice,