—Quiero llamar a mi abogado.
La femenina que me revisa, me quita mis pertenencias para guardarlas.
Ni siquiera me miró a la cara, la estación de policía tiene mucho movimiento, delincuentes y prostitutas me rodean.
Entre gritos, groserías, los tecleos de la computadora y el ruido de los teléfonos me siento enloquecer.
La primera vez que estuve aquí lloré, grité ahora es diferente, solo estoy en silencio.
Me preocupa más la gravedad de Gael que mi situación.
—¡Auch! Tenga más cuidado, me ha la