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POV Arya.
Soy Arya Sotomayor, la novia oficial de Adrián Montealegre, el hombre más guapo que he conocido.
Ambos trabajamos para el grupo Altamirano, la corporación de empresas más grande de Norteamérica.
Mi novio es la mano derecha del CEO Gael Altamirano, alguien a quien no conozco en persona, pero le debo mucho.
Estos últimos tres años han sido de bendición, Adrián de vicepresidente en la empresa matriz y yo de mesera en el hotel.
Llevamos meses planeando nuestra boda, ese es mi sueño, entrar a la iglesia vestida de blanco.
Tengo un poco de dinero ahorrado, Adrián se ha empeñado en que estoy gorda, él quiere que me someta a una liposucción.
—Si continuas comiendo de esa manera, en lugar de vestido usarás un saco.
Sus chistes me hacían gracia al principio, ya no. Me empiezo a preocupar, soy de contextura rellenita.
Reconozco que este año subí unos 20 kilos, es inevitable pellizcar los bocadillos en cada banquete.
Yo me siento bien con mi apariencia, no es nada del otro mundo, lo puedo resolver con dieta y ejercicios.
Preparaba un par de hamburguesas para los dos cuando él las tomó y las metió en una bolsa de papel.
—¡Basta de comida chatarra! Te haces la sorda.
—¿A dónde vas Adrián?
—Se las llevaré al portero del edificio, mañana mismo te hago la cita con el esteticista.
—Tú me elegiste como tu mujer así como soy.
—Mírate en un espejo, ya no eres la misma de hace tres años.
Apreté los labios para contener mi llanto, él estaba muy grosero en los últimos días.
Siempre buscaba la mínima oportunidad para pelear.
—Mi amor, ya tengo que irme al hotel, te preparas algo de comer.
—¿Para qué tengo una mujer entonces?
Yo me coloqué mi chaqueta y tomé mi bolso. Al tratar de darle un beso me esquivó.
¿Qué piensa Adrián? Soy una mujer común, no una top model.
Reconozco que soy de buen comer, no voy a matarme de hambre por lucir esbelta, eso es vanidad.
En el calor de la discusión olvidé mi celular, espero que Adrián no intente llamar.
Hay mucho movimiento en el hotel, parece que el dueño viene a supervisar.
Mi jefe anda nervioso y solo nos da gritos a cada rato.
Mantener mis manos ocupadas me ayuda mucho a disipar mi enojo.
“No me gusta andar enojada con Adrián. Más tarde veré como lo contento.”, traigo las bandejas de canapés hasta el mesón.
Todo estuvo arreglado justo a tiempo y nos colocamos en columna cuando escuchamos al jefe de personal.
—¡El CEO Altamirano está aquí!.
Todos bajamos la cabeza para no hacer contacto visual, como nos habían indicado.
Sentí el aroma seductor de su perfume y me atreví a mirar.
Sus ojos color miel, hicieron contacto visual con los míos, por breves segundos.
Es un hombre maduro, le calculo unos cuarenta años, su contextura es fuerte y la mirada es fría.
Pensé que estaría en problemas al verlo cara a cara, pero él ignoró lo ocurrido.
Él se acercó al jefe inmediato y le dijo algo en el oído.
—Los que yo nombre darán un paso al frente.
Lo primero que pasó por mi cabeza fue una reducción de personal.
Cerré los ojos deseando no ser nombrada, todo iba bien hasta que escuché mi nombre.
—Ustedes son los elegidos para el banquete de compromiso de la señorita Altamirano.
Respiré aliviada, luego de que el millonario se fuera, el jefe nos dio un discurso.
—Somos el mejor equipo de trabajo para banquetes, confío en ustedes, no me decepcionen.
Nos hizo la promesa de que siempre estaríamos presentes en las celebraciones del grupo Altamirano.
Yo me alegré de mi suerte, pensé en hacer carrera dentro del hotel.
Al encender las luces del departamento caminé en puntillas para no despertar a mi novio.
Justo cuando mi cabeza toca la almohada oigo su voz.
—¡Arya!, te estuve llamando.
—Olvidé mi celular.
Cerré los ojos para intentar dormir, pero él lo que deseaba era discutir.
—Quiero que renuncies a tu trabajo.
Su petición me sorprendió por completo, me pareció irracional.
Siempre me ha gustado ganar mi propio dinero y no pedirle nada.
Adrián se sentó en la cama con actitud seria en su rostro, a veces puede ser irritante cuando se obsesiona con una idea.
—Soy tu marido, nada te va a faltar.
—Vamos Adrián, el mundo ha cambiado y las mujeres somos independientes.
La expresión de su rostro cambió, me miró con el ceño fruncido.
—Quiero que te quedes en casa y me atiendas, ¿es mucho pedir?
—Dime, ¿Cuándo he desatendido nuestro hogar? ¿Te ha faltado la comida? ¿Te ha faltado la ropa limpia? ¿o te ha faltado sexo?
—No me ha faltado nada… Una mujer que trabaja está expuesta a que otros hombres la miren.
En mi trabajo siempre mantengo la distancia y no le doy mucha confianza a los clientes ni a mis compañeros.
No me gustó para nada su comentario fuera de lugar.
Me levanté para ir a la sala y me quedé dormida en el sofá viendo una película.
En la mañana me desperté con un intenso dolor de espalda.
Adrián ya se había marchado a la oficina, más temprano de lo habitual.
Era nuestro tercer aniversario y le había comprado un regalo una semana antes.
Yo siempre le llevo su almuerzo a la oficina, el hecho de estar peleados no significa que lo deje pasar hambre.
Aproveché también para llevar su regalo. Ese reloj era sofisticado y me había costado mucho dinero.
—¡Feliz aniversario!, Adrián.
Apenas y miró el obsequio, solo se limitó a decir:
—No vuelvas a traer comida aquí a la oficina, soy un ejecutivo y no puedo andar hediondo a frituras. ¡Llévate esa porquería!
—Sigues molesto conmigo, hablamos esta noche.
—No puedo, tengo un compromiso de negocios, no me esperes despierta.
—¿Puedo ir contigo? Compré un vestido hermoso.
—¿Cómo crees que te voy a llevar? es una cena para ejecutivos. ¿Acaso no te has visto la pinta? ¡Te ves terrible!
En efecto, haciendo los oficios del hogar no me daba tiempo de arreglarme.
Me acercó a él en forma amorosa para un beso en los labios.
“Adrián, te muestras tan frío conmigo.”,suspiré al sentir sus manos.
Me apartaba en forma brusca.
—Sal de mi oficina, tengo mucho trabajo.
—Dime la verdad, ¿Ya no me amas?
Él se quedó en silencio y suspiró profundo, le dí la espalda para irme.
Justo cuando mi mano tocó el pomo de la puerta, su mano tomó la mía.
—¡Lo siento! Tengo mucho estrés acumulado, olvidé decirte que…. Solicité un préstamo para hacer una inversión.
—Entiendo, yo tengo algunos ahorros, si quieres te ayudo a pagar los intereses.
—No, ¿Cómo crees? — se pasó las manos por los cabellos y luego agregó: —Me puedes ayudar firmando este documento para colocar el departamento como garantía.
—No me parece correcto, debe haber otro modo.
La expresión de Adrián se suavizó, me convenció con un tierno beso y nos abrazamos.
Suspiré aliviada.
—Sí, mi amor. Yo te firmo lo que sea.
—Sabía que podía contar contigo.
Luego de firmar lo estudié con la mirada.
“Mí amor, era eso, yo sabía que algo te pasaba, tú no eres así.”
En cierta forma me tranquilicé por un lado y me preocupé por el otro.
“En el mundo de las inversiones no hay nada seguro. Ojalá no perdamos el departamento. “, pensé de regreso a casa.
No entendía tanto afán de su parte, eramos la pareja perfecta, aunque no teníamos mucho dinero ni lujos, aún así no pasamos necesidades.
Yo trataba de ser un soporte para su vida y aportar soluciones en lugar de quejas.
Si alguien sabe como administrar y estirar el dinero, esa soy yo.
Siendo una pareja joven con necesidad de intimidad no teníamos empleados de limpieza, yo mantenía el departamento impecable.
Es muy cierto que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer.
Yo soy esa mujer detrás del éxito de Adrián, siempre lo he apoyado en cada paso de su carrera.
Me levanto siempre a las cinco de la mañana para preparar su desayuno.
A mis veintidós años soy la ama de casa perfecta, siempre tengo energías para ir a la universidad, cubrir mi turno en el hotel y llegar a casa a preparar la cena de mi novio.
En poco tiempo él se ganó el cariño y la confianza de sus jefes y escaló de posición.
El dinero empieza a fluir, me cuesta entender la insistencia de Adrián en que renuncie a mi empleo.
Él alegaba que con el aumento de su sueldo me podía mantener.
Me seguía pareciendo absurda su exigencia. No puedo renunciar a mi trabajo yo, pago mi carrera universitaria.
“Por ningún motivo voy a ceder, hoy es el empleo, mañana serán mis estudios, Adrián tiene que entender.”
Su actitud no tenía ni pies ni cabeza, para mí él es el único.
Nos conocimos en la universidad, él me lleva tres años de diferencia.
Fue amor a primera vista, su figura atlética y esos ojos negros captaron mi corazón.
Adrián fue el primer hombre en mi vida, las mariposas en el estómago y la ilusión de para toda la vida.
Todo parecía ir de maravilla en la relación y a los pocos meses de estar saliendo nos mudamos juntos.
Nuestro nido de amor, de un departamento ordinario pasó a ser un lugar acogedor.
Cada rincón, cada adorno representa nuestros logros juntos.
Ya es media tarde y me dispongo a hacer un platillo especial para Adrián.
—¿Dónde está mi traje nuevo?
—Lo lavé porque la ropa nueva tiene polvo.
—¿Estás loca? Es lo que me pondré hoy. ¡Me lo arreglas ya!
Corrí a buscarlo aún estaba húmedo lo coloqué en la secadora y luego lo planché.
Adrián seguía con el ceño fruncido.
—Olvidalo no iré a ese evento oliendo a detergente barato.
—Dijo al soltar el traje.
—¿Cariño a dónde vas?
—Al centro comercial, debo sustituir el traje que tú arruinaste.
Dio un portazo y me dejó con la palabra en la boca.
Recogí el traje del suelo y me senté en el mueble a llorar.
Habían pasado un par de horas y mi novio aún no volvía de la calle.
Mientras reviso la despensa mi teléfono suena , es mi jefe inmediato.
Apenas intento tomar la llamada, la puerta se abre, es Adrián con un traje nuevo.
—¿Quién te llama? ¿Acaso tienes otro hombre?
—No, ¡Esto es el colmo!, tú a mí no me tratas así.
El celular sigue repicando, Adrian se metió a la habitación y yo atendí la llamada.
—Arya, vente ya, aunque faltan varias horas tenemos que ir preparando todo.
—¿Tiene que ser en este momento?







