El agua la arrastró con fuerza, girándola como una hoja en medio de la tormenta. Aslin luchó por mantener la cabeza fuera de la corriente, pataleando con desesperación mientras el frío se clavaba en su piel como agujas. Su cuerpo dolía, exhausto por la huida, pero no podía rendirse ahora.
El túnel de roca se estrechaba a su alrededor, y el sonido del agua retumbaba en el espacio cerrado, convirtiéndose en un rugido ensordecedor. Su pecho ardía con cada bocanada de aire que lograba tomar antes d