POV: Alexander Líbano
Sujeté a Jessica con fuerza del brazo, ignorando sus quejidos, sus lágrimas, su cuerpo tembloroso. La levanté del suelo como si fuera un saco de basura y la arrastré fuera de la habitación sin un mínimo de piedad.
—¡Vamos, maldita! —le escupí con rabia—. No te vas a ir tan fácil de esta casa… al menos no viva.
Atravesamos el pasillo a paso firme. Los sirvientes que se cruzaban en nuestro camino se apartaban con la cabeza gacha. Algunos no podían disimular el horror en sus