POV: Aslin Ventura
La mansión a la que nos llevó Edrien no era igual a la de Alexander. No tenía los muros fríos, ni las ventanas cerradas con pestillos. Tampoco ese silencio tenso que parecía esconder gritos detrás de cada puerta. Esta casa era distinta. Amplia, antigua, con techos altos y olor a madera y lavanda. Y, sobre todo, segura.
Nos dejaron entrar por una puerta trasera. Un pasillo largo nos condujo a una sala iluminada con lámparas tenues y alfombras gruesas. Edrien no se despegaba