POV: Alexander Líbano
El portazo tronó a mis espaldas como un disparo. Cada paso que di fuera de esa maldita oficina lo sentí reventar contra el mármol como si el eco fuera parte del caos que me habitaba.
No miré a nadie. No dije una sola palabra.
Fui directo hacia la cochera. El chofer, siempre atento, se giró al verme con ese gesto servil que me daba náuseas.
—Dame las llaves —gruñí sin detenerme.
Intentó hablar, pero solo alcancé a ver su duda un segundo antes de que le arrancara el llavero