Las horas que siguieron fueron un torbellino de dolor, desesperación y miedo. Aslin sentía cómo su cuerpo se tensaba con cada contracción, cada ola de dolor que la desgarraba desde dentro. El tiempo dejó de tener sentido mientras luchaba por respirar, por soportar el tormento de un parto que parecía no querer terminar.
Carttal nunca se separó de ella. Sostuvo su mano con fuerza, murmurándole palabras de aliento, asegurándole que todo estaría bien, aunque por dentro estaba igual de aterrorizado.