Capítulo 5
Nadie respondió desde el interior.

Julián esperó unos segundos frente a la puerta y finalmente giró el picaporte.

—Inés, ya basta. Hasta subí personalmente a buscarte.

Siguió refunfuñando mientras entraba, pero de pronto se detuvo en seco.

Elvira estaba desplomada junto a la cama, con los hombros sacudidos por los sollozos.

Julián frunció el ceño.

—¿Por qué lloras? ¿Está dormida?

Elvira no respondió. Se limitó a aferrarse con fuerza a mi mano.

Como si por fin hubiera notado que algo andaba mal,
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