Denisse cerró la puerta con cuidado al salir del pasillo donde había dejado a Margaret. El silencio de la mansión era casi irreal, como si cada pared estuviera conteniendo la respiración. Sentía el cuerpo cansado, pero la mente demasiado despierta. Todo lo ocurrido ese día se le acumulaba en el pecho, presionándole las costillas desde dentro.
Caminó hasta su habitación con pasos lentos, descalza, aún con el cabello ligeramente húmedo por la ducha. Solo pensaba en dormir. Dormir para no pensar.