Un rayo de luz se filtra por las cortinas y eso me obliga a abrir los ojos. Me encuentro con la cálida sonrisa de David, quien ya está despierto y observándome con ternura; espero que todos los días sean así como este de ahora en adelante. Me ha estado aténtame mente de mí y en ocasiones, cuando puede me dedica de su tiempo y me hace olvidar momentáneamente las preocupaciones que acechan nuestras vidas.
David acaricia mi mejilla suavemente y me da un beso en la frente.
—Buenos días, mi amor, —m