La confusión se apodera de mí cuando observo por la ventana y diviso un imponente edificio de unos diez pisos.
—¿Qué es este lugar? —pregunto, tratando de descifrar el misterio.
No es un restaurante, eso queda claro después de nuestro desayuno. Tampoco parece un hotel típico. El edificio blanco, con sus ventanas de tamaño normal, despierta mi curiosidad. David, sin embargo, mantiene el silencio mientras estaciona el auto en un área designada como privada.
—¿Ya me dirás? —insisto, buscando respu