Llegamos a casa algo ya tarde. Subo con los mellizos a sus dormitorios, Axel no quiere que lo acompañe, así que ayudo a su hermana a cambiarse para después entrar bajo las sábanas de su cama.
Antes de salir de allí, ella me detiene para que le lea un cuento.
—Está bien, pero solo será por un momento —digo. Me acerco al librero para tomar uno de los cuentos y vuelvo a su lado.
Diez minutos después, ya está durmiendo y yo cerrando el libro para devolverlo a su sitio. Los niños y yo, no hablamos n