David me lleva hasta su auto, no sé en qué momento él y los niños se subieron, solo supe que comenzó a conducir.
—¿Por qué hiciste eso? —comienza a decirme. —Te dije que te quedaras con los niños y que se mantuvieran alejados, ¿es tan difícil hacer eso?
Ladro furioso. Por más que quiera ignorarlo, no puedo. Debo sacar todo lo que tengo atorado.
—Esa… —aprieto los labios para no soltar insultos delante de los mellizos. —Mujer, comenzó todo, yo lo único que hice fue darle su merecido.
—Esa no es