Despierto sintiendo unas caricias en mi espalda y mi hombro derecho. Giro la cabeza, y lentamente abro los ojos. Sigo en la misma posición que me quedé dormida.
—Hola —murmura David, me observa de un modo que me hace derretir.
Sonrío con satisfacción al recordar lo bien que lo pasamos.
—Hola —contesto en un tono más bajo que el suyo. —¿Qué hora es?
Me muevo en la cama, quedando de boca arriba y vuelvo mi cabeza hacia un lado para verlo de nuevo.
—Las ocho.
—¡Qué! —me siento de inmediato, mientr