ANDREA
Tomo su mano cuando se acerca y juntas nos alejamos del salón, no sin antes decirle a su profesora de música que no demoraremos en volver.
—¿Qué ocurre, cariño? —pregunto cuando estamos en la cocina. Le ayudo a sentarse en el taburete y la acerco a la mesada. Hilda deja unas galletas en un recipiente para nosotras antes de irse para dejarnos solas. —Tú siempre te pones contenta los sábados, esperas con ansias tus clases de piano. Y ahora, ¿qué está pasando?
Me coloco del otro lado de la