ANDREA
―Me imagino que ya no hay pretextos para que no comas tus vegetales ―le señalo el plato a Alexia.
Hilda les puso en su desayuno zanahorias, cortadas en tiras, como si fueran papas fritas, pero están cocinadas a vapor.
―Es que no me gustan las zanahorias aguadas ―irradia una expresión de asco.
―Están cocidas, así se les dice ―le corrige Hilda.
―No me gustan de todas maneras. ―Levanta la mirada de su plato y mira a Hilda. ―Y si me cortas unas crudas, solo con sal ―le pide amablemente mient