ANDREA
Cuando la sesión termina, Danna y el enfermero me ayudan a acomodarme de nuevo en la cama.
—Lo has hecho muy bien estos días —me dice Danna cuando nos quedamos solas. Su sonrisa es un bálsamo para mi cansancio y puedo ver el orgullo en sus ojos.
—No podría hacerlo sin ti, Danna —respondo, mi voz llena de gratitud. —Les debo mucho a ti y a tus padres.
Ella se inclina y me abraza con fuerza. Siento sus lágrimas en mi hombro y sé que son de felicidad.
—No me digas eso, no nos debes nada —di