ANDREA
—¿Así estás bien? —pregunta Danna, sus ojos llenos de preocupación y ternura. Asiento con una sonrisa débil. —No dudes en decirme si te sientes incómoda y quieres que te acomoden de otro modo —insiste, con una suavidad en su voz que me reconforta y me abruma a la vez.
Danna ha sido tan amable y paciente conmigo, que me da miedo abusar de esa amabilidad. Me siento frustrada e impotente; el no poder moverme y valerme por mí misma me molesta profundamente. No estoy enojada con los demás, es