ANDREA
No hay otro lugar donde pueda buscarlo. Él me advirtió que no vuelva a su casa y estoy de acuerdo con eso. No es el momento para que los mellizos me vean; primero debo resolver este asunto y con ellos presentes, no tendré la mente concentrada. Si de por sí ya teniendo a David delante, será complicado hablar con claridad.
Cuando cruzo las puertas de ese edificio alto, me dirijo a recepción para preguntar por la oficina de David McKibbon.
El joven detrás del mostrador me saluda con cortesí