—¡David! —grito antes de que cruce la puerta de la cafetería, pero por supuesto, él no se detiene.
—El estúpido cree que eres mi cómplice —se carcajea la mujer mientras se coloca a mi lado.
No voy a dejar que me vea derrotada, así que me giro y la desafío con la mirada.
—Esto no se va a quedar así —afirmo sin dudar. —Llegaré hasta el fondo de esto y una vez tenga la verdad en mis manos, te demandaré por difamarme.
—Querida —se acerca con cautela y su sonrisa malvada se borra. —No me amenaces, p