54. No eres mi madre
Al día siguiente, decidió que era momento de salir de la casa a pasar un buen rato disfrutando del clima. Charlotte se puso de esos vestidos que dejaban al descubierto sus piernas, él pasó saliva en seco al verla tan sensual, tan vivaz. Esa mujer iba a matarlo lentamente en cualquier momento.
— Damián —lo llamó Charlotte—. Quiero irme, vámonos por favor.
— ¿Qué? ¿Por qué nos tendríamos que ir? —preguntó cargando a su hijo—. Habla.
— Mi madre está aquí, quiero irme.
— No me iré de aquí —dijo Dam