5. Desayuno con el alfa
Charlotte estaba totalmente frustrada por no encontrar su grabadora por ningún lado en su habitación. La había buscado por cielo, mar y tierra, literalmente.
— Hola, querida amiga —saludó Nadia, entrando a la habitación como si fuese la suya.
— ¿No te enseñaron a tocar? —preguntó frustrada.
— Oye, no te desquites tu enojo conmigo —contestó Nadia sentándose en la cama.
— Perdón —se disculpó—. Es que perdí mi grabadora en el carro del señor Walter —se acostó en la cama, con mucha frustración.