Sentimientos extraños.
Cuando William y yo llegamos a casa esa noche a la casa, el ambiente estaba cargado. Su pequeño rostro aún reflejaba molestia y confusión por lo ocurrido durante la cena anterior. Sabía que debía hablar con él, no podía dejar que esas emociones se quedaran sin resolver.
Nos sentamos en el sofá de la sala, y lo atraje hacia mí, abrazándolo suavemente.
— Cariño, necesito que hablemos un momento — dije con calma, acariciándole el cabello.
William cruzó los brazos y me miró con ojos llenos de duda.