Con los primeros rayos del sol, Marina despertó; al hacerlo, sintió como algo pesado no la dejaba levantarse. Trató de moverse, pero solo provocó que aquello que la retenía, la apretara aún más.
Inmediatamente reaccionó y se levantó de golpe de la cama; al hacerlo, evidentemente despertó al hombre que estaba a su lado.
—¿Qué demonios haces, Esteban? —dijo Marina un tanto sorprendida.
—¿Qué? ¿Qué sucede?
—¡Dios! ¿Sabes qué? ¡Me voy! Definitivamente, me has arruinado las vacaciones; me voy a casa.