Sebastián y Marina salieron de la oficina algo temprano y fueron a recoger a las niñas al colegio; el hombre llevaba un apetito voraz. En todo el viaje no había querido probar bocado; se alimentaba de agua, un poco de frutas y café.
El hombre ansiaba llegar a casa de Marina, toparse con algún platillo cocinado por Ofelia o por Marina; de verdad, se le hacía agua la boca. Ese par de mujeres valía su peso en oro.
Razón por la que, cuando Ofelia le mencionó a este la idea que Marina tenía de vende