Aquella frase iluminó el rostro de las niñas; ambas voltearon con ojos brillantes de ilusión, pensaron que Sebastian había venido con su madre, pero se toparon con la inesperada presencia de su padre.
Su rostro cambió drásticamente, pero al final, era su padre y no podían cambiarlo. Ellas lamentablemente estuvieron ahí el día en que su padre se enteró de que Marina estaba embarazada y la reacción no había sido nada agradable.
—Papá… —dijo Diana acercándosele con algo de timidez.
—¡Hola, mi niña