Ofelia escuchó el motor del auto y salió rápidamente de la habitación de Renata, topándose con Marina sentada como una chiquilla perdida en el pasillo; al verla así, era evidente que algo ahí no estaba nada bien.
—Señora… —dijo Ofelia apresurando el paso.
Marina, al escuchar la voz de Ofelia, rápidamente se limpió las lágrimas y trató de hacer como si nada ocurriera.
—¿Qué sucede, Ofe? ¿Cómo están mis niñas?
—Señora, ¿cómo está usted? —dijo al ver que no se incorporaba.
Marina escuchó la pregunt