Esteban se dio cuenta de que estaba perdiendo los estribos y su reacción solo le estaba demeritando puntos; si continuaba diciendo cosas, entraría a un terreno sinuoso del que no habría salida.
—Me voy, habla con tus hijas, que ellas sean quienes te expliquen qué demonios sucedió…
Luego de esas palabras, el hombre tomó su saco y se fue de aquella casa. Marina, por su lado, al ver que este hombre abandonaba el lugar, pudo soltar un suspiro; ella odiaba tener enfrentamientos así, pero sabía que si