Tras aquella candente mañana, Efraín se disponía a llevar a Marina a casa; sin embargo, la joven mujer recordó que tenía que ir por algunas cosas para la casa, así que le pidió que la dejara en una tienda ya conocida.
El joven Efraín quería acompañarla, pero Marina ya no quería que este descuidara su trabajo. Ya le había dedicado medio día y no podía seguir quitándole tiempo, así que a regañadientes, este hombre se fue a la oficina.
Marina compró todo lo que necesitaba para hacer unas galletas p