Tras aquel descarado comentario, Lina hizo oídos sordos; solo quería ir a casa, tomar un buen baño caliente y dormir hasta que se le quitara esa sensación de aturdimiento.
Patrik le ayudó a sentarse en la silla de ruedas; luego de ello, juntos salieron de la habitación y fueron hacia el estacionamiento del hospital. Antes de que Patrik pudiera ayudar a Lina a levantarse, esta ya se había quedado completamente dormida.
—Señor, ¿A dónde quiere que lo llevemos? —preguntó el escolta con amabilidad