Lorena llevaba un par de horas en la recepción del grupo Montemayor, aquel lugar que por unos meses lo sintió más suyo que incluso la propia Marina.
En este momento no podía parar de pensar en lo estúpida que había sido un día antes. ¿Cómo demonios se le había pasado la mano con el vino? Más aún, ¿cómo demonios, había dejado que su boca escupiera lo que de verdad pensaba?
En la mente de Lorena no dejaba de rondar la idea de que, si Esteban la dejaba, ella estaría perdida. Toda su vida en Nueva