Marina lo miró, dudó un poco, pero sabía que si quería su ayuda debía ser completamente honesta con él; además, no era como si no se conocieran; él ya le conocía hasta la sombra.
—Hmm… La verdad es que no necesito dinero, bueno, sí, pero sé que voy a sonar absurda, pero, bueno, vamos por el principio. Esteban, al separarnos, me dejó una buena pensión; él paga las cuentas de la casa, paga todo, me dejó esta casa y hay personal para todo, y ese es el gran problema.
—No entiendo.
—¿Recuerdas que me