Elena
Durante todo el trayecto hasta la mansión de los Scott, mi mente se negaba a quedarse quieta.
No dejaba de reproducir mi último encuentro con Sharon: la forma en que le temblaba la voz al hablar de su hermana, la manera en que sus ojos parecían… casi arrepentidos. Atormentados. Como si cargara un peso que la había estado aplastando durante años. No me cuadraba. Cuanto más lo pensaba, más todo empezaba a inclinarse en una dirección incómoda, como un cuadro colgado torcido en la pared que n