—Bruno no lo distrae. Lo tranquiliza.
La asistente dudó.
Antes de que yo tuviera que insistir, Laura Méndez apareció en el pasillo. La misma funcionaria que había ido a mi casa. Su expresión era seria, pero no fría.
—Puede entrar con Bruno —dijo—. Si lo ayuda a sentirse cómodo, no hay problema.
Mate